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viernes, septiembre 18, 2009

Perlas saladas que purifican



“Debe haber algo extrañamente sagrado en la sal: está en nuestras lágrimas y en el mar”
Khalil Gibran


Llorar por razones de salud, está haciendo un nuevo nicho en estos tiempos.
Tiempos en que pareciera que eliminar los procesos que la naturaleza nos otorgó, se nos hace muy difícil es ocasiones e incluso diciéndonos a nosotros mismos: “no debo llorar, no voy a llorar”.
Sin embargo estos procesos son altamente necesarios para lograr el equilibrio de nuestro cuerpo en general y para nuestro interior.

Y cuando tratamos de tirarlos al canasto de la basura ,estamos perjudicando enormemente nuestra salud, propensos a desarrollar muchas más enfermedades.

Cuando nacemos, salimos del vientre materno con un llanto, para despertarnos al mundo, por lo tanto estas lágrimas son tan indispensables en esos momentos como en pròximos.

Debemos de usarlas, no guardarlas ni esconderlas para que nadie vea nuestra fragilidad como humanos o bien para que nadie se de cuenta de que algo nos está pasando.
En realidad, no hay necesidad de actuar así, si, de liberarnos.

De manera habitual, las lágrimas las asociamos, con dolor, tristeza o con cualquier sentimiento que tenga estas raíces, y otras de alegría, pero no nos hemos percatado que tienen una función muy importante, que es la de ayudarnos a expresar y a eliminar la rabia.

Esta, para muchos según las diferentes formas de ser y de expresarnos es un sentimiento altamente prohibido, pues lo asociamos a la ira o a la agresión y no consideramos que no solamente tienen esa raíz, sino que también se produce por una cantidad de pequeñas frustraciones que vamos acumulando a diario, a semanas, a meses y más la refuerza el tipo de vida acelerada que vivimos hoy.

Es natural que durante el día, en algún instante, hayan cosas que no nos resulten, metas que no logramos, una llamada de atención de nuestro jefe, sueños que se nos derrumban, amores y amigos que nos abandonan sin lograr comprendernos, sin lograr acompañarnos en momentos difíciles y un sin fin de situaciones màs.

De la misma forma a diario estamos irritándonos quizàs en menor grado, por contratiempos, por el bus que no pasa, por el tiempo que no nos alcanza, responsabilidades y compromisos que no llegamos a concretar.
Por personas desagradables y antipáticas que no son capaces de disculpar nada, etc.

Cuando sentimos que vivimos en un equilibrio entre la alegría, el descanso y la frustración por lo que se hacen relativamente parejas, todo se mantiene en calma.
Pero, cuando este equilibrio se desmorona, aparece nuevamente la rabia, que no la definiremos como ira, sino como una forma de rabia no de grandes rangos, sino como un resentimiento, que si trae consigo, pensamientos negativos de que las cosas no están funcionando, que salen mal tan seguidamente.
Rebeldía en contra la mala suerte o injusticia.

Todo esto en conjunto nos lleva a una real y legítima autocompasión por lo difícil que se nos torna la vida a veces y justamente aquí como consecuencia ante toda esta maraña de cosas, asoman las lágrimas.

Y si nuestro cuerpo explota por nuestros ojos, quizás sea porque su puerta quedó un poco abierta ante tanto “control”.



Entonces, ¿qué deberíamos hacer ante una situación así?

¿Hacernos los duros, los fuertes, secar nuestras lágrimas y seguir como si nada?
Pues definitivamente , no!

Lo que debemos hacer para que nuestra salud mantenga su equilibrio, es justamente llorar, si!, detenernos y llorar todo lo que necesitemos, aunque no nos queden màs làgrimas.

Según la medicina china, la rabia se aloja en el hígado y los ojos son la manifestación de ese órgano. Entonces las lágrimas y la rabia no se han asociado como un mandato, sino para ayudarnos a limpiar el hígado, según esta cultura milenaria.

Es extraordinariamente provechoso aprender todo esto, pues nos saca muchos prejuicios venidos desde antaño, en los que se decía que llorar hacía mal y más aún, que era una acciòn expresamente femenina, que tenía directa relación con la mujer, pues el “hombre bien hombre”, no debía llorar.
Y esto ha perdurado hasta hoy.

¡¡Qué estupidez más grande!! ¡¡Qué pensamiento más machista!!
Ambos, hombres como mujeres, sentimos las mismas cosas, quizás los hombres sean un poco menos demostrativos en algunos aspectos y en algunos casos, pero tienen el libre derecho a llorar también por el tiempo que sea...a desahogarse y a “limpiarse”.

Como terapia a realizar en nuestra intimidad o en donde sea, nada mejor que un buen llanto.

A veces, no tenemos una explicación a conciencia de por qué necesitamos llorar, sólo sentimos la necesidad de hacerlo, porque nuestro organismo lo está pidiendo.

¿Cuántas veces en nuestra vida, hemos sentido esta necesidad de llorar mucho, aparentemente sin una razón?

Y si nos preguntan, ¿qué nos pasa?, contestamos: - “no sé, sólo necesito llorar”.
Creo que a todos nos ha pasado en más de una vez.

Nuestros ojos, siempre nos avisarán de que algo dentro de nosotros no anda bien y necesitamos eliminarlo.
Si no fuera así ¿qué pasaría?

¡No quiero ni imaginarlo!

Muchas personas dan disculpas al llorar delante de otros, situación que a manera muy personal, no encuentro necesaria.
Pues, si deseo llorar y llorar a mares, lo voy a hacer aunque muchos me miren.¿Què màs da?

No es un pecado, no es un robo, por lo que no tengo que tener vergüenza, sólo dejarme ser porque lo necesito y no molesto a nadie con ello.

Y me hago otra pregunta: ¿Algún día cambiaremos esta tendencia a disculparnos, si las perlas que estamos derramando nos ayudarán a limpiarnos, a eliminar "toxinas" y seguir hacia delante?

Una gran pregunta...


Agualuna

Frase: Proverbia.net / Desarrollo: Agualuna / Imagen: Web